53. No es nada personal, cariño.
La noche avanzaba con un silencio espeso, casi engañoso, cargado de sombras que parecían guardar secretos. Mientras Damián y Abigail se perdían en la intimidad ardiente de su noche de bodas, el resto del palacio dormía envuelto en una falsa calma tras la celebración. Pero no todos estaban felices.
Evelyn recorría los pasillos del ala norte, sus tacones tintineaban sobre la piedra pulida al caminar. El vestido rojo que llevaba parecía una extensión de su rabia; vibrante, venenoso, despiadado.
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