Liam se quedó petrificado. Las palabras de Logan se repetían una y otra vez en su cabeza, pero no podía asimilar lo que acababa de escuchar. Se pasó una mano por el rostro, sintiendo la tensión acumulada en sus músculos.
"Alaia es mi mamá." La declaración de su hijo seguía retumbando como una campana de advertencia.
—¿Qué estás diciendo, Logan? —repitió, esta vez con un tono más áspero, como si el enojo estuviera a punto de desbordarse—. ¿A qué te refieres con eso?
Logan, sin darse cuenta de l