Lucía llegó a la casa con paso firme. Hacía años que no veía a aquel hombre, pero sabía que no tendría más opción.
Tocó la puerta y, al abrirse, se encontró con los ojos oscuros de él, quien la escaneó de arriba a abajo con una mirada apreciativa.
—Vaya, tan preciosa como siempre —saludó con una sonrisa ladeada.
Lucía sonrió, sus labios se curvaron con una seducción calculada mientras se acercaba a él, acortando la distancia entre ambos.
—Necesito también un favor —dijo con la voz baja, pero c