Cuando Liam entró en la casa, la luz de la luna se filtraba por las cortinas. Sin perder un segundo, buscó a su esposa y la encontró en el sofá, leyendo tranquilamente.
Sin mediar palabras, la tomó por la cintura y comenzó a besarla con una pasión frenética. Agnes, sorprendida al principio, respondió rápidamente a su ardor.
—Liam... —susurró contra sus labios, sonriendo con el repentino interés de su marido—. ¿Qué te ha dado?
Él no respondió, solo intensificó sus caricias. Sus manos recorriero