El parque estaba tranquilo en esa tarde otoñal, con los últimos rayos de sol bañando de dorado las hojas que caían suavemente de los árboles. Alaia y Liam caminaban por un sendero, sus pasos estaban acompañados por el crujido de las hojas bajo sus pies.
Conversaban con naturalidad, compartiendo intereses comunes, aunque la mente de Alaia estaba lejos de la conversación.
—Pronto llevaré a mi hijo a tu consultorio para sus exámenes de rutina —dijo Liam, rompiendo el hilo de sus pensamientos.
El