Capítulo 7.
Gail y yo lo seguimos con cautela.
Tuve que volver a ser cargada para poder bajar de la montaña. En todo el camino el lobo ni siquiera nos miró.
Una vez abajo, él se dirigió por el bosque hacia una especie de cueva.
Gail y yo nos miramos. Me encogí de hombros y luego lo seguimos dentro.
Yo no podía ver una mierda, pero Gail si, así que volvió a cargarme mientras la negrura del lugar nos envolvía.
Mucho más adelante, por fin pude ver una especie de luz. Al acercarnos me di cuenta de que era un