Capítulo 42.
Miré su amplia espalda hasta que desapareció.
No me sorprendía que el Alfa Supremo le haya contado cómo fue que llegué hasta aquí o los motivos por los que quise unirme. Era su mano derecha y todo eso.
No me molestaba que lo supiera, no estaba escondiendo mi pasado a propósito, era solo que a nadie le concernía más que a Gail y amí.
Y, de todas maneras, no iba a mi antigua manada.
Cerré los ojos nuevamente disfrutando de los rayos del sol que se filtraban entre las copas de los árboles