Capítulo 82. ¡Sabía que vendrías!
Enzo corrió hasta que la encontró sentada en un banco mirando hacia el horizonte, la luz de la luna se reflejaba en su silueta, no era necesario mayor luz para verla, porque la noche estaba suficientemente iluminada, en su cara se notaba que estaba molesta, se acercó a ella haciendo el mínimo ruido, temía que si a escuchaba tuviera la oportunidad de volver a salir corriendo.
—Mi amor, por favor, no seas bravucona, ni celosa, sabes que eres la única mujer que amo —le dijo mientras la abrazaba, e