Mundo ficciónIniciar sesiónNicol se quedó viéndolo sorprendido, dirigió su vista a donde vio que la posaba él y se dio cuenta de la chimenea rodada.
—¿Acaso piensas que se fue el mismo por allí? —interrogó ella frunciendo el ceño.
—No pienso, estoy seguro de que se fue voluntariamente por allí… yo sabía que este castillo tenía muchos pasadizos secretos, he encontrado algunos, pero este no y ese niño es demasiado listo… he conocido personas con el triple de su edad que no tienen su inteligencia, es realmente un pequeño excepcional. Ven ayúdame a encontrar cómo terminar de mover esto para pasar —le pidió.
Cuando Enzo se acercó a la chimenea, ella se puso a su lado, él comenzó a moverla, mientras se iba sorprendiendo. La chimenea parecía estar suelta de la pared, Enzo hacía grandes esfuerzos para moverla.
—Ayúdame, mueve junto conmigo —a pesar de su petición ella no se movió—. Si eres perezosa, por favor ¡Ayúdame!
—Claro que no, solo pienso que debe haber otro mecanismo, ¿Crees que un niño de diez años hubiese podido mover esa chimenea usando la fuerza bruta?
Él detuvo sus movimientos y suspiró profundo.
—Tienes razón, pero es que no podrías comprenderme, un padre se desespera cuando sus hijos peligran.
—Yo pensé que no sufrías de eso —dijo con sarcasmo y él, la tomó por la cintura y la acercó a él.
—¿Qué tengo que hace para que me des una oportunidad de demostrarte que…? —ella no lo dejó continuar.
—¿Qué me vas a demostrar? Enzo, ya me has demostrado todo lo que eres y no vas a hacerme cambiar de opinión y… —sin controlarse más, el hombre unió los labios con los suyos.
Y en ese beso el deseo se encendió entre los dos.
Enzo bajó las manos y la sostuvo del trasero sin dejar de besarla, el deseo se encendió entre los dos. El beso fue tan intenso que duró minutos, ambos intercambiaron toda la pasión que sentían el uno por el otro. Cuando se separaron, ambos se quedaron viéndose con intensidad, él se acercó y la besó de nuevo.
Nicol estaba completamente inmersa en sus labios cuando sintió un movimiento entre sus pies, la chimenea había cedido un poco y ahora podían pasar por ella. Enzo interrumpió el beso sintiéndose avergonzado porque sabía que esa no era la forma de encontrar a su hijo, pero no quería separarse de Nicol, pensaba que la tenía un poco controlada, y por eso no quería soltarla.Ese momento de amor fue interrumpido por una voz infantil.
—¡Papá! ¡Nicol! ¡Vengan por mí! Estoy aquí no puedo salir ¡Ayuda! Estoy en peligro —a pesar de sus gritos de auxilio, su voz era alegre, ese pequeño granuja, pese a sus palabras, no estaba asustado, todo lo contrario, se estaba divirtiendo con ese pasadizo secreto que él había descubierto momentos antes.
Los dos se separaron rápidamente sorprendidos y asustados, siguieron la voz del niño, se dieron cuenta de que la chimenea se deslizó hacia un lado y se dejó ver un pasadizo oscuro emerger desde las sombras.
—Espera aquí, voy a tomar una linterna —dijo Enzo, saliendo a la habitación para tomar una lámpara, regresó en menos de un minuto.
—Vamos, comencemos a caminar y busquemos a ese travieso niño —dijo Enzo tomando la mano de Nicol, como el tiempo transcurría y no había nada de él, empezó a reprenderlo—, Piero, creo que esta broma está llegando demasiado lejos, por favor sal —pidió el hombre, pero ni un ruido se escuchaba.
Mientras caminaban, el pasadizo se iluminaba con la luz de la lámpara y todos sus misteriosos detalles se mostraban uno por uno. El techo era alto y estaba adornado con piedras talladas en formas geométricas y figuras antiguas. Las paredes eran relieves dibujados hace siglos, representando escenas de batallas entre guerreros. El suelo estaba cubierto de polvo y había huellas que indicaban que muchas personas han caminado por ese mismo pasadizo en el pasado.
—Piero —gritaba al mismo tiempo Nicol, recorrieron un buen tramo, alejándose de la puerta de la chimenea, cuando escucharon que alguien empezó a cerrar la puerta del pasadizo.
Cuando ellos se giraron para correr hacia allí la puerta estaba cerrada y el pequeño Piero se reía a carcajadas.
—Papá —gritaba a través de la pared—. No me lo agradezcas… pero te estoy buscando momentos a solas con la chica a quien miras como un cordero degollado.
—Yo no la miro como un cordero degollado —protestó Enzo.
—Si papá, tú no puedes verte, pero yo si… además, dejas un reguero de baba en el camino cuando la ves y eso que te vi una sola vez y la verdad no te culpo… es tan linda, parece una muñequita de porcelana… debes conquistarla, porque si esperas que yo crezca y no es tu esposa, yo te la quitaré.
—Pequeño travieso, cuando te agarre te voy a dar latigazos por osado y no, no puedes conquistarla… porque ella ya es mi esposa… y yo no quiero dejarla —dijo Enzo sin dejar de mirar a Nicol y poniéndola nerviosa.
—¿En verdad? —dijo el niño sorprendido.
—Es mentira, todo es una farsa y yo no me quedaría a su lado así fuera el último hombre del planeta, no lo amo y jamás lo haré porque su odio es profundo —pronunció con rabia.
—Eres una mentirosa —expresó Enzo mientras con una mano la pegaba a su cuerpo y con la otra la sostenía con la nuca—. Tu boca dice no, pero tu cuerpo está ardiendo por mí.
—Papá, debes enamorarla… tienes que hacer que te ame, debes lograrlo —gritaba el pequeño al otro lado de la pared—. Eres el mejor papá del mundo mundial, te mereces una chica bonita y buena como ella, además, necesito tener una mamá y ella está genial, me gusta mucho.
—Está bien hijo, te juro que Nicol Parissi va a besar el suelo por donde piso.
Nicol soltó una risita escandalosa y se cubrió el rostro con la mano para contenerse.—¡No puedes decir cosas tan absurdas! ¡Eres tan cursi! No te da pena que tus hombres te escuchen haciendo el ridículo —dijo ella mientras lo miraba con los ojos entornados, alzando una ceja.
Enzo soltó una suave carcajada y la abrazó, acercándola más a él. Sin pensarlo dos veces, Enzo deslizó suavemente sus labios sobre los de ella y acarició su mejilla con ternura.
—No te preocupes pequeño —Enzo le dijo a Piero sin separarse de Nicol—. Tus deseos se harán realidad.
Tomó a Nicol, la cargó entre sus brazos, y caminó por un pasillo, buscando un sitio donde pudiera demostrarle la verdad de sus palabras, vio una puerta y la abrió, al entrar era como una especie de depósito con muebles antiguos.
Enzo ni siquiera se detuvo a pensar, se sentó en el mueble y a ella, a horcajadas encima de él, la miró fijamente a los ojos.
Mientras él hablaba, sus manos se movían arriba y abajo recorriendo suavemente el contorno de su espalda. Sus labios estaban pegados, besándose él le tomó su cara entre sus manos y mirándola a los ojos, susurró:
—Nicol, soy capaz de hacer que te enamores de mí.
Y sin esperar respuesta, se inclinó sobre ella para besarla con ardor. La besó con tanta intensidad que no había forma de resistirse al deseo que él despertaba en ella. Le acariciaba los labios con suavidad mientras sus manos recorrían su cuerpo con desesperación.
Nicol se dejó llevar por la pasión, arqueando su espalda para acercarse aún más a él. Sus brazos rodeaban el cuello de Enzo. El calor de sus cuerpos se mezclaba en un baile profundo y ardiente, susurrando palabras que decían mucho más que las palabras mismas.
Mientras permanecían abrazados, los latidos del corazón de Nicol resonaban fuertemente dentro del pecho de Enzo, mientras ella pensaba que quizás esa fuera su mayor venganza… enamorarlo, hacerlo volver loco por ella, para luego abandonarlo.







