LIAM
Llevaba más de tres horas esperando que llegase a su departamento, tenía que pedirle disculpas, tomé asiento en el sillón negro de su sala mientras tomaba un ron amargo.
Cerré mis ojos recordando la última vez que me sentí así.
«Ella ha muerto»
Mordí mi labio.
—Maldición.
El dolor no era para nada parecido a esa vez, pero cada vez que pensaba en algún mal momento, ese era el primero en rondar por mi mente.
Bebí otro trago sintiendo mi garganta hervir, quizá era mi interior.
Recordé esa noc