—¿Tienes fuerzas para bajar y cenar algo?
Melissa lo miró a los ojos, pero asintió.
—Bien, vamos.
La joven se acomodó en la orilla de la cama y notó la belleza de la habitación: muy clásica, elegante y de pocos, pero refinados muebles. Al ponerse de pie, Ares dio un paso hacia ella. Al sentirse mareada, Melissa tomó la mano que él, en un acto reflejo, le ofreció. Era la primera vez que sus manos se encontraban de aquella manera. Melissa miró la unión y luego a Ares, a quien solo tomó de la nuca