Cuando se puso de pie, Kimmy también lo hizo. En ese momento, los dos guardaespaldas notaron lo mismo y también se pusieron de pie.
—Meli, no. No te vayas —pidió Zane, viendo a Mariam, a quien solo le negó con la cabeza—. Vamos, apenas llevas como una hora. Mariam, por favor…
—Ay, ¿y a mí qué me dices, Zane? Por favor ustedes. Tú y Federico andan como si fueran unos malditos perros falderos, oliéndole el culo a la adoptada —Melissa solo negó, viendo a Zane a los ojos—. A mí no me interesa que s