Aunque Kimmy entendió poco la comparación, terminó asintiendo ante una Melissa que lucía decidida, que incluso se rozaba el vientre, como afianzándose. Era claro que la joven ya no solo pensaba en ella, en su presente o matrimonio, ni siquiera solamente en Ares. También lo hacía en esa posibilidad que iba a volverse una fuente de inspiración y fortaleza para Melissa, sin apellidos, para descubrir la verdad que, al parecer, la venía envolviendo desde el día de su nacimiento.
—Hoy solo me centrar