—¿Qué sucede, Renzo?
—La señora no ha comido, señor —Ares tensó la mandíbula—. Le acaban de llevar frutas, pero en el desayuno comió muy poco y no ha consumido nada desde entonces.
—Me haré cargo de eso.
Al ver a Renzo avanzar un paso hacia él, Ares suspiró.
—Renzo…
—Con calma, Ares —el tuteo le hizo tensar la mandíbula—. Ella es dulce, es buena y noble, y eso mismo se maneja con calma… con la delicadeza de agarrar cristal recién fundido con las manos. Que las heridas de tu alma y de tu cuerpo