Las manos se hicieron puños sobre el respaldar de esa silla. Elevó su mirada, cargada de deseo, hacia el frente, pero solo encontró esa tensa y profunda oscuridad donde sus gemidos se habían perdido, donde había sido la guía de esa voz grave y profunda la que la movió y la llevó a vivir una experiencia que, sin duda, podía tildar como trascendental. Allí, el postre, entre chocolates y natillas, se fue convirtiendo en ella misma, quien solo tiró la cabeza hacia atrás al sentir cómo las dos grand