—Ares Ravage es su esposo y usted debe cumplir sus deberes como esposa —le indicó la mujer—. Será mejor que lo acepte antes de que esa idea cruel en su cabeza termine por consumirla.
—Tu jefe es cruel.
—Mi jefe da lo que piden de él.
Sin decir nada más, la mujer se dio la vuelta y buscó la salida. Ante la respuesta, Melissa solo pudo sentir confusión, pero con grandes lágrimas atoradas de alguna manera en sus pupilas. Miró cómo Gaspar y dos hombres aguardaban por ella en la puerta de la hab