—No, pero hay que salir. Tenemos que comprarte los zapatos, accesorios…
—Usaré los míos, mamá.
Angelina solo negó, pero Melissa se acercó un paso a ella.
—Estoy cumpliendo con las indicaciones de mi padre porque, como me has dicho, es un deber moral que tengo ante él. Dio su palabra y debo hacerla valer. Pero yo, como Melissa, no quiero esto, y creo que lo sabes…
—Tus quejas no ayudarán en nada.
—Eso lo sé —respondió la joven—, pero no puedo evitar sentirlas, pensarlas y soltarlas en algú