— ¿Cómo te llamo entonces? — pregunte riendo.
— Por mi nombre gran tonto, te agradezco el gesto que tuviste con el chocolate caliente y Dios junto con mi panza saben lo mucho que lo amo, sin embargo, no iré al hospital hasta la noche.
— Bueno no importa porque en otra ocasión tomarás una taza muy grande de chocolate caliente junto con galletas.
— Me apetece mucho, ¿Vas al trabajo?
— Sí, me había desviado para ir al hospital pero ya que no te encuentras pues me voy al hotel.
— Vale, te de