Lara
El sobre aún estaba sobre mi cama, como si me provocara en silencio. Pasaje de regreso. Pasaporte. El camino de escape que tanto deseé durante días… ahí. Fácil. Pero ¿qué me esperaba del otro lado?
Tomé el celular. Mis manos sudaban. Marqué el número de mi padre. Necesitaba escucharlo. Necesitaba saber si, de alguna forma, aún había un lugar para mí en esa casa.
—¿Aló? —su voz sonó fría, impaciente.
—Soy Lara… papá.
Hubo un silencio incómodo. Uno que decía mucho más que cualquier palabra.