Lara
La noche cayó pesada, pero yo no podía dejar de temblar.
Intenté dormir. Me giré de un lado a otro. Pero la almohada parecía más un campo de batalla. El pecho apretado, los pensamientos devorándome por dentro. La revelación de Khaled no dejaba de repetirse.
Revirtió la vasectomía.
Quiere un hijo conmigo.
Esa frase golpeaba mi mente como un tambor tribal: constante, primitivo, inevitable.
Me levanté despacio y caminé hacia el espejo.
El camisón largo de seda delineaba mi cuerpo con suavida