Lara
Después de aquella noche, nada volvió a tener sabor.
Ni el té con especias, ni las frutas frescas, ni los vestidos que Samira escogía cuidadosamente para mí. Todo parecía formar parte de una trampa decorada. Como si viviera en una prisión dorada — cada detalle diseñado para distraerme del hecho de que ya no era libre.
La decisión de Khaled estaba tomada.
Yo sería la madre del heredero Rashid.
Y punto.
Y aunque hubiera dicho “no” mil veces con la mirada, con el cuerpo retraído, con los ges