Khaled
Cuando entré en casa aquella mañana y no la vi en la terraza, algo dentro de mí se quebró.
Un presentimiento.
Frío.
Preciso.
Llamé a uno de los guardias con la mirada. Corrió hacia mí.
— ¿Dónde está mi esposa?
— En el dormitorio, señor. — respondió, dudando.
Mentira.
Fui hasta allí.
La cama estaba intacta. Sábanas tensas. Ningún rastro de su perfume en el aire.
Abrí el armario.
La abaya sencilla. El pañuelo blanco.
Desaparecidos.
Mi corazón, entrenado para la guerra, no se aceleró.
Se c