Natália
No estaba preparada para ver lo que vi en esa pantalla.
Por más que supiera qué esperar, por más que me hubiera preparado mentalmente, nada me salvó de la explosión de rabia, envidia y humillación que sentí cuando vi esa maldita fiesta.
Bianca estaba sentada a mi lado, con los ojos fijos en la televisión. Su copa de vino barato temblaba en la mano. Yo tenía la mía vacía, los dedos apretados alrededor del vidrio como si pudiera romperlo solo con el odio que latía en mis venas.
“Directo d