Lara
El restaurante que Khaled eligió era elegante, pero discreto. Nada de aquella ostentación exagerada que solía ver en redes sociales cuando investigaba sobre Dubái. Era un lugar con luces bajas, velas en las mesas y una vista amplia hacia la marina. La música ambiental era suave, instrumental, y el sonido del agua golpeando los yates a lo lejos daba la sensación de que el tiempo se había detenido allí.
Él apartó mi silla con una gentileza que pocas veces mostraba en público y se sentó frent