Lara
El viaje de regreso a casa fue completamente silencioso. El coche avanzaba por las calles iluminadas de Omán, pero mi mente estaba atrapada en un único pensamiento que no me dejaba en paz: yo estaba casada con un asesino.
El miedo se había instalado en mi pecho como un peso sofocante, casi imposible de ignorar. Cada palabra que Khaled había dicho más temprano seguía repitiéndose en mi cabeza, como un eco constante que no me permitía respirar con normalidad. “Porque me desobedeció.” La fria