Natália
Yo sabía.
Simplemente sabía que había algo mal.
Desde temprano, aquel silencio me estaba molestando.
El movimiento.
Las conversaciones en voz baja.
Las miradas de reojo.
Todo en aquel lugar estaba… extraño.
Pero lo que me hizo perder completamente la paciencia fue ver la invitación en las manos de Elena.
Dorada.
Elegante.
Impecable.
La invitación de la boda.
De la boda de mi propio sobrino.
Y no estaba en mis manos.
Mi mandíbula se tensó al instante.
Sentí la sangre subirme.
Hervir.
Di