Natália
Nada en aquella ciudad ocurría por casualidad.
Mucho menos dentro del territorio de un hombre como Adir.
Por eso, si quería destruir aquella boda… no sería por impulso.
Sería con precisión.
Permanecí dentro del coche unos minutos, observando el movimiento a distancia, analizando cada detalle con calma. Cambios de turno, posicionamiento de los hombres, patrones de vigilancia, comunicación discreta entre ellos. Todo funcionaba como debía.
Seguridad reforzada.
Organización impecable.
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