Nathaly
Mi corazón latía acelerado.
Pero no era miedo.
Era anticipación.
Una sensación eléctrica recorriendo mi cuerpo, como si cada paso que daba me acercara a algo inevitable. Sabía exactamente lo que estaba a punto de ocurrir. Sabía el peso de aquello. Sabía las consecuencias.
Y, aun así… no dudé.
En cuanto colgué la llamada, ya estaba en movimiento. Cogí mi bolso, comprobé rápidamente mi reflejo en el espejo —postura alineada, expresión neutra, mirada firme— y salí sin mirar atrás.
No había