Narrado en tercera persona
El sol de la mañana apenas calentaba el jardín delantero. Khaled y Lara tomaban café en silencio en la terraza, el aroma de cardamomo y pan fresco llenando el aire. Ella estaba callada, con los ojos ligeramente hinchados de sueño, y él la observaba con la misma paciencia felina de siempre.
Todo parecía tranquilo.
Hasta que la calma fue quebrada por el sonido de voces alteradas del otro lado de los portones.
Gritos.
Uno de ellos… familiar.
— ¡NATÁLIA! ¡DIME DÓNDE ESTÁ