Nayla
Me quedé mirando fijamente a Adir Rashid. Estaba claramente enfadado, con la mandíbula apretada y los brazos tensos a los lados del cuerpo. Pero yo no podía dejarlo salir de allí sin cumplir el acuerdo. Si se iba, sabía exactamente lo que pasaría: mataría a mi hermano.
Recordaba perfectamente la llamada. Recordaba las palabras que había dicho, el tono exaltado, la rabia. Sabía que le ordené que lo matara. Pero había sido de la boca para afuera, como toda hermana desesperada habla cuando s