Khaled
La vi atravesar las puertas del hospital con la mirada aún baja, los pasos lentos, el cuerpo más frágil que nunca. Lara se veía pequeña en ese momento. Como si el mundo la hubiera aplastado y todo lo que quedara fuera cansancio.
Tomé su mano con firmeza y la llevé hasta el coche. En silencio. No la soltó. Y eso, para mí, ya era suficiente.
En el camino, mantuvo el rostro girado hacia la ventana. Sabía que aún estaba intentando recuperarse de todo aquello. Y yo, por más que tuviera la san