Nayla
Después del beso de Adir y del regalo que había colocado en mi cuello, el ambiente de la cena cambió por completo. La tensión aún existía, era imposible ignorar las miradas venenosas de Nathaly y Talia, pero ahora había algo distinto en el aire. Algo más ligero. Como si aquel gesto suyo hubiera marcado una posición clara delante de todos.
Llevé la mano al collar una vez más.
La piedra brillaba contra mi piel.
Aún parecía irreal pensar que esa joya había pertenecido a su abuela. Una mujer