Nayla
Después de toda la tensión que flotaba sobre esa cena, pensé que la noche seguiría pesada, llena de provocaciones y miradas incómodas. Aún sentía la sangre caliente corriendo por mis venas por las insinuaciones que Nathaly y Talia habían hecho minutos antes. Mantener la postura de una dama frente a ellas había sido un ejercicio de paciencia casi sobrehumano. No era una mujer débil, pero tampoco estaba hecha de piedra. Escuchar tantas cosas y simplemente sonreír exigía un tipo de control