Nathaly
Adir se levantó de la mesa.
Pidió permiso con esa elegancia irritante de siempre, esa postura de hombre acostumbrado a ser respetado en cualquier lugar al que entra.
—Con permiso, vuelvo enseguida.
Salió hacia el pasillo.
Observé cada uno de sus movimientos.
La forma en que caminaba.
Cómo el traje caro marcaba sus hombros anchos.
El porte de un hombre poderoso.
Era casi irritante pensar que alguien como él estaba a punto de casarse con esa chica.
Nayla.
¿Bonita?
Sí.
Pero nada extraordin