El clic metálico de las armas a nuestras espaldas resonó en mis oídos con un eco ensordecedor, paralizando cada músculo de mi cuerpo. La emboscada no estaba en los muelles de la ciudad; estaba aquí, en el corazón del imperio que Adrián había construido con su propia sangre.
Instintivamente, Adrián dio un paso atrás, interponiéndose entre los cañones de sus propios guardias y mi cuerpo. Su postura protectora fue un reflejo automático, pero el ligero temblor de sus hombros delataba el impacto dev