Natalia visitó a Rosa esa misma tarde. Para su alivio, encontró a su abuela mucho mejor que la última vez. La doctora le explicó que, si continuaba progresando, muy pronto podría regresar a casa. Rosa, con una sonrisa tenue, le confesó que su visita había sido un bálsamo para su recuperación.
La noticia llenó de alegría a Natalia; sentía que, poco a poco, las cosas volvían a su cauce. Pasó toda la tarde con ella: la bañó con delicadeza, la ayudó a cambiarse de ropa y peinó su cabello plateado mi