Venedikt
Sonia no se anda con tonterías. Estoy sorprendido de que haya logrado zafarse de las cuerdas en menos de cinco minutos y, además, parece dispuesta a partirme el cráneo para tener la oportunidad de escapar. Fue inteligente no dejarla sentarse al lado del conductor como quería en el camino hasta aquí.
Me recuesto en la silla, tomando un sorbo de té de toronjil mientras observo a Julieta prepararse para el golpe como una bateadora en un partido de béisbol en la pantalla del televisor. Ten