Kazyan
—Escuché que el club de la calle de abajo se estaba por cerrar —dice Samir mientras entramos en la pequeña habitación trasera, lugar de abrigos, llaves y papeleo aburrido—. —Deberías tener más clientela aquí si eso es cierto —añade.
Fingo una sonrisa y asiento con la cabeza. —Muy bien —respondo, pero sé que solo intenta cerrar el trato. A mí realmente no me importa.
—¿Tienes el efectivo? —pregunta Samir, mirando la maleta en mis manos como un niño mira un cuenco de dulces.
—¿Tienes los d