Al día siguiente, mientras Gabo finalizaba de desayunar para dirigirse a la empresa, su móvil vibró en la mesa, se rascó la frente al ver que se trataba de su hermana Karla.
—Hola —saludó. —¿Todo bien?
Karla resopló al otro lado de la línea.
—¿Sabes algo de nuestros padres? —cuestionó—, ninguno de los dos llegó a la casa, y no contestan el móvil.
Carlos Gabriel presionó los labios.
—¿En serio? ¿Ya notificaste a las autoridades? ¿Crees que sea conveniente pegar fotografías de ambos en toda