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Al día siguiente, una vez que los tres aterrizaron en el aeropuerto de Manizales, de inmediato subieron en un taxi que los llevaría fuera de la ciudad, hasta una sencilla finca que Gabo había rentado para su familia.

Angelito observaba a través de las ventanas del auto la ciudad, y a medida que avanzaban notó cómo tomaban una carretera llena de vegetación.

—Todas esas plantaciones son de café —le dijo Gabo al pequeño, y acarició la mano de Paula María para darle confianza, pues la veía nervio
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