Melissa se miraba al espejo en la suite del hotel que se hospedaba, resoplaba furiosa al rememorar la pelea con aquella mujer.
—¿Quién sos? ¿De dónde saliste infeliz? —cuestionó gruñendo—, no puedes tener un mocoso con mi Gabo, el único hijo de él, será el nuestro —aseguró y se llevó la mano al vientre.
En ese instante tocaron a la puerta, y pensó que era la comida, de inmediato abrió, y frente a ella apareció un oficial.
La mujer arrugó el ceño, y se puso nerviosa.
—¿Qué desea? —cuestionó.