Puerto Escondido, Oaxaca.
La mirada de Álvaro estaba perdida en la inmensidad del océano, desde el despacho de su residencia donde se encontraba un gran vacío lo cubría, inhaló profundo y luego de unos segundos dirigió su mirada color chocolate, hacia su portátil y comenzó a redactar un documento.
Momentos después Alondra abrió la puerta e ingresó acompañada de Arnulfo, tío de él.
—¿Alguna novedad? —Arnulfo indagó observando la pizarra de corcho sobre el muro, esa que ambos construyeron para co