Paula María pasó saliva con dificultad al escucharlo, su corazón bombeó con fuerza, lo miró a los ojos, sabiendo que ya era hora de hacerlo, por lo que se dirigió a la sala y tomó asiento, esperando a que él hiciera lo mismo.
Carlos Gabriel se quedó de pie, la miró a los ojos.
—¿Por qué mentiste, por qué me engañaste? —cuestionó sin preámbulos.
Pau inhaló profundo entonces lo vio a los ojos sosteniéndole la mirada, como hacía mucho tiempo no se atrevía.
—Vas a escucharme o vas a sentenciarme