Al llegar a los apartamentos donde vivían, Óscar tomó al pequeño entre sus brazos para ayudar a Pau, mientras ella tomaba la maleta y la arrastraba.
—¿Y mi coche? —Angelito cuestionó al no verlo entre las cosas que bajaron y luego dio un largo bostezo.
Pau sonrió y lo miró con ternura.
—Tu tía Sam lo trajo a la casa —refirió.
—Me parece que alguien en lugar de llegar a jugar, se va a dormir —Óscar ladeó los labios—. Es mejor que descanses porque Norita tiene ganas de verte.
—Solo me duermo dos