Angelito ingresó a su oficina, su azulada mirada la recorrió con tristeza, se acercó al sillón en donde se acostaba a ver la televisión, acompañado de un tazón de papás y palomitas de maíz.
—Voy a extrañar mucho este lugar —dijo mientras limpiaba sus ojos—. No sé a qué me dedicaré ahora que ya tendré en qué trabajar.
—Hay mijo, tú nunca dejarás de ser el patrón, además no te irás para siempre —doña Ofe tomó asiento a su lado—. Estoy segura de que podrás hacer más cosas a donde te vayas, o ¿pref