Norita volvió a carcajear.
—Como que tu abuelo se ve muy joven. —Abrió sus ojos y lo observó con atención—, creo que le hace falta bigotes. ¿Qué opinas? —indagó.
—Tienes razón, pero ¿cómo se lo hacemos crecer de la noche a la mañana? —cuestionó.
—¡Tengo una idea! —exclamó—, mi papá me compró un cajón de bolero, y yo me traje en mi mochila algunas cosas —comentó—. Espérame aquí, vigila que no se despierte —solicitó.
Angelito comenzó a hacer suaves sonidos de arrulló y meció despacio la hamaca