La puerta se cerró suavemente a espaldas de Stepfanny, y el sonido fue más definitivo de lo que esperaba. No un golpe, no un aviso… sino un cierre limpio, como si algo hubiese quedado afuera de forma irreversible.
El silencio que la envolvió no era el de los pasillos universitarios cuando todos se han ido, ni tampoco el de su departamento al anochecer. Era un silencio distinto, cargado, con peso propio. No estaba vacío: observaba.
El departamento de Andrei se desplegaba ante ella con una sobrie