CAPÍTULO 58
El momento en que vi el cuerpo de Liliana caer al suelo fue como si mi vida se me partiera en dos.
Escuché el golpe seco, sentí cómo todas las empleadas gritaban horrorizadas, y yo… yo solo podía tocarme el pecho.
Sentí un dolor brutal que me atravesó de lado a lado, Intenté respirar, pero el aire no entraba a mis pulmones. Sentí que me aplastaban un piano enorme sobre mi pecho, no soporte más, lance un grito y por un momento pensé que me iba a morir.
Cuando abrí los ojos, no reconocí dónde estaba. Había luces blancas en el techo,
Tenía tubos conectados a mis brazos y pecho. Intenté levantarme pero el cuerpo no me respondió, se sentía pesado
El médico entró con expresión seria y me reviso la máquina de signos vitales
—¿Que me pasó?¿Dónde estoy? —logre decir con la voz debil
—Tuviste un infarto —dijo tomando mi mano —. Por poco no lo cuentas, Al parecer heredaste los problemas cardíacos de tu padre.
No pude reaccionar de inmediato. La palabra infarto me asustó, pero