Mundo ficciónIniciar sesiónEl sonido de los cristales rotos aún parecía tintinear en el aire, un eco fantasmagórico que se negaba a desaparecer.
Layla estaba sentada en la cama, con las rodillas pegadas al pecho y el corazón latiéndole desbocado. La luz de la luna, ahora sin el obstáculo de la inmensa pantalla de ochenta pulgadas, bañaba la habitación, iluminando el desastre. La televisión era un amasijo de cables arrancados y vidrio negro esparcido







