El interior del helicóptero vibraba con una ferocidad que amenazaba con desarmar el fuselaje, pero para Dante Lombardi, el aparato parecía estar suspendido en el aire, inmóvil en el tiempo.
—¡Más rápido! —rugió a través de los auriculares tácticos, con la vista clavada en la oscuridad que se extendía bajo ellos.
—Señor, los motores están al ciento diez por ciento de su capacidad. Si presiono más, entraremos en pérdida —respondió el piloto, cuya voz delataba el pánico de llevar al límite una máq